Hacer de la carencia, hábitat;
¡qué extrañas ideas tienes!
La tierra firme bajo el manto oceánico,
el fondo que anhelaba el ancla
fui yo mismo.
No acepto santa misión:
en vano habría sido
la asistencia al funeral
del espíritu incorpóreo.
El miedo, arquitecto de toda ilusión,
cree que me va seducir
con viejos misticismos.
A través del intersticio
entre sujeto y objeto
se quiere inmiscuir de nuevo
la usurpadora metafísica
demandando sumisión.
La eternidad está haciendo el ridículo
con su insulso disfraz de presente;
¡tú también sientes palpitar al porvenir!
Con tu piel,
su pulso percutivo
y la vibración de las aguas rebosantes,
el sonido de nuestra futura canción.
No quiero volver al uno,
quiero el mérito de tu obsesión.