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Sobre el deseo

no puedo hacer caso a un dios astro  que ilumina la consciencia con sus arrebatos se enciende se apaga amanece y mengúa indeciso fluctúa  entre el alba y el ocaso entre el carmín el blanco el amarillo y el naranjo algunas veces eclipsa y otras veces en cambio es eclipsado inconstante impredecible entre las nubes se abre paso o se oculta entre ellas acobardado se insinúa eterno pero solo dura un instante víctimas de un pulso errante confundimos la realidad de la estrella con la manera en la que se manifiesta

constelaciones

Los ilusiorios nexos para un espíritu angustiado forman símbolos. La mirada en esa imagen de tantos años atrás da sentido. Ilumina el presente.  No obstante, quien busca epifanías siempre las encuentra.  Y nuestra alma  nunca fue la sangre. 

Prometeo desencadenado

Fue un proceso lento e imperceptible el que dejó a Prometeo ciego al futuro y el regalo que permanecía en el ánfora se desvaneció.  La profecía del derrocamiento no se cumplió: la dictadura sigue allí. En la calma el cielo, en el recuerdo el águila y en el anillo la roca eternizados como símbolo del dolor de quien eligió sacrificarse por la estirpe donde nacería el héroe liberador.  Sometido el fuego, descifrado el rayo: el hijo es más fuerte que el padre pero la dictadura sigue allí.

el arrebol sin quien lo nombre y lo que es en sí el horizonte

el árbol que cae en medio del bosque sin que nadie lo escuche el color sin ojo el calor sin piel  la esperanza cuando solo quede la noche el arrebol sin quien lo nombre el vos de Dios la voz de Dios y yo también y también yo

Invocación

el discurso no porta poder se desliza entre sus arterias no era un verbo el que flotaba sobre las aguas primigenias la frontera larga y difusa que hay entre la prosa y el verso se desvanece en el silencio de plenitud de la presencia la palabra no precede al ser la diosa no era una poeta el lugar se engendra en la danza como el conjuro ante la ausencia

Demiurgo

Víctima de mi generosidad desbordada, renuncié a mi omnipotencia para crearme un cuerpo,  un cosmos infinito de historias intrincadas, albergue de enjambres de seres libres concretos. Para que fuera imposible el aniquilamiento me até a mi creación con millardos de finos hilos perdí el sentido de agencia de mis movimientos  soy ahora el Otro absoluto hasta para mí mismo. 

S=1/4*((c^3)k/Għ)*A

La abismal oscuridad no es del todo invisible, el oscuro abismo realmente no está vacío: podemos ver con tus ojos lo otrora inasible del mito de Cronos justo antes de haber nacido. Aceptaremos con gusto tu última apuesta de que se amarán por fin lo eterno y el instante; ganarás lo singular si se halla la respuesta, nos prestaras si pierdes tu hombro de gigante para ver el horizonte desde una nueva altura cuyas líneas no convergen solo en un círculo, sino en la desnudez sin extensión ni censura de la mente del Dios aquel que hizo los cálculos. Se dirá quizá que el todo ya logró integrarte, algunos pensarán que te arrebató el desorden; quizá te fuiste a jugar, aunque te fuiste tarde, a dar saltos cuánticos por espacios deformes. A la memoria de   Stephen Hawking (el gran filósofo que creía que la filosofía era obsoleta)

G

solía ser una criatura liviana capaz de levitar surfeando corrientes de aire vibrando en aquellas frecuencias tan altas en las que la continuidad del tiempo casi se desgarra donde el yo retorna al brahman no era parte de un inventario era un arrebato un tornado de plasma incendiario consituido por mónadas no por átomos mis fibras estaban entrelazadas en las urdimbres del cosmos y a través de ellas me extendía hasta sus confines no este individuo separado sobreanestesiado hoy aquí infectado por la densidad me he hecho vulnerable a la tiranía de este planeta que me compele hacia su núcleo y no me deja despegar yo era un conquistador circunnavegando los mares de los sentimientos ahora de uno de ellos soy solo un esclavo

anātman

un fractal que reproduce una simpleza una remezcla imperfecta un infinito que se sospecha construido sobre la ausencia un arreglo impermanente de moléculas una tormenta de influencias un río vaciándose moviendo siempre sus fronteras nada soy nada nada soy un mirada irremplazable aunque efímera una colonia de bacterias un avatar de un dios que ha olvidado su naturaleza un universo en miniatura que refleja el orden de las estrellas un entramado de agregados que resultan de una serie de contingencias nada soy nada nada soy una sed insaciable

Apoteosis

Tu nebulosa presencia me arrastró por los laberintos del dolor mientras intentaba descifrar tu voluntad. Y creía saber que mi destino era abrir las puertas del cielo mas ahora llegado al paraíso que has creado entiendo que yo soy tu espíritu y que vine para destruir sus sueños  ingenuos de eternidad.

sobre la última expedición criptozoológica

De cuerpo translúcido creado por la revolución de un triángulo a través del cual sólo se vislumbran sus propios brazos y la oscuridad del profundo océano, de vértice alargado apuntando hacia el transfondo de la nada que dio sustento al agua, de colores electrícos también, fluorecentes, metálicos, como en otras de mis visiones anotadas, agitando sus tentáculos con sutil violencia, extendíendolos al infinito o, por lo menos, fuera del marco de referencia donde puedo verlos allí, fuera del tiempo, estaba esa extraña especie eterna de un sólo individuo representando la divinidad: allí estaba el amor y el dolor.

Creación

La Diosa, el espíritu lúdico que flotaba entre la Nada, compactó el vacío y lo hizo estallar. Y vio Ella estar divertida. Las partículas se agitaban, mientras la simpleza se agotaba. Las configuraciones estables que sobrevivieron al azar permitieron que tú y yo nos encontráramos en este día. Que tú me vieras a mí, y que yo te viera a ti, no es magia, no creas –aunque pareciera. Entre tanto, Ella se reía, pues mi valor no depende de nadie más, que de Ella. Hoy mis amigos me enseñaban que en tiempos así se aprende de nuevo a amar. Más prospera será mi alma cuando tú también lo sepas.