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Alcest

capas de la materia tan sutil del alma se sobreponen se armonizan se intercalan intervalos de frecuencias armónicas vibran al unísono  por un efecto fantasmagórico a distancia las oscilaciones lineales del estéreo  abren un portal a dimensiones eneádicas  como por arte de magia en el esquema vacío  de sus relaciones matemáticas se deslizan cromatismos y afectos entre el rosa y el negro entre la noche y el alba acordes que contrastan  la fuerza grávida la ternura calma  atmósferas oníricas y paisajes sonoros de texturas delicadas se superponen se entrelazan envuelven  y absorben a las criaturas aladas quienes olvidaban que la experiencia corporal son canciones sedimentadas

Ivan Aivazovski

Horizonte difuso: naufragamos. No vemos dónde  termina el cielo y empieza el mar arrebatado. Todo se confunde en la tormenta:  el sujeto, el todo;  el horror, el gozo; el caos, el cosmos. Todo se confunde en la tormenta:  no sabe si imagina  o si recuerda, no sabe si imagina o si recuerda. Todo se confunde en la tormenta.

púlsar

un pulso entusiasta engendra el instante a merced de una pulsión idéntica a la nada que se satisface a sí misma hasta desbordarse de plenitud incontenible el universo

Manifiesto contra el espíritu místico

no me sirve de consuelo saber que todo es uno que somos inmortales en el seno de lo absoluto me da igual que en la esencia del ser último vayamos a estar siempre juntos no pagaré un boleto para un teatro absurdo que predica y predica hasta lo nauseabundo que hay que negarle el placer al público para acceder a lo profundo no me importa si te soñaste el mundo ¡entonces despierta y bórrame nomás! ¡o no repitas otra vez jamás que el deseo nos mantiene ilusos! no toleraré más ni por un segundo otro insulto tuyo ¡no vuelvas a insinuar que mi espíritu está corrupto por apreciar menos la totalidad permanente que la singularidad de lo que perece! ¡basta del dogma de que por ser individuo es que sufro! ¡abstente de señalar que no hay en verdad belleza en lo que aparece! pues no hay más belleza o más verdad que las que intuyo en sus obras o palabras en los recodos de la efímera presencia de quienes amo y en cambio solo puede monstruosa tu cara impávida amalgamada de los cadáveres de las criaturas...

Apnea

Desamparado por el sol de verano y su silencio cómplice las olas de un mar picado me secuestran. Soy un frágil y temporal arreglo de moléculas: la merced del ávido arrebato con el que las aguas me llevan a sus entrañas lo demuestran. Remolinos de caos me desorientan y me condenan cada vez más a lo profundo. Rayos de luz como espadas penetrando el receptáculo, imágenes fractales del cielo, burbujas que se alejan hacia ellas llevándose los últimos vestigios de mis fuerzas. Y yo cada vez más allí me hundo. Y, de repente, cuando dejo de luchar por una bocanada y me entrego a la voluntad indiferente del dios océano, me doy cuenta que respirar no era necesario. Me doy cuenta de que en el lo más oscuro del azul acuático encuentro la calma de retornar a mi verdadera casa.

Inefable

Desplegó dos mil brazos, dos mil piernas, dos mil ojos;  mil pechos, mil cuellos, mil bocas, mil cabezas, mil rostros;  gritó un silencio hermoso que retumbó como mil truenos incendiando los temores de una criatura asustadiza refugiada en las paredes de su corazón. Mas la seguridad es una falsa ilusión y no fue todo estruendo y horror. Aquel grito fue también poema,  la canción del coro de los arcanos que lo rescató, el remanso tejido en los haces  y frecuencias en donde su alma se engendró.  Más allá del gozo, más allá del dolor,  más allá de las palabras o de aquella visión más allá de las coordenadas  que dibujan  el mundo, más allá de toda división,  en donde no hay posible descripción, donde no existes tú ni existo yo, en el uno eterno e indivisible: más allá nos encontramos los dos. 

G

solía ser una criatura liviana capaz de levitar surfeando corrientes de aire vibrando en aquellas frecuencias tan altas en las que la continuidad del tiempo casi se desgarra donde el yo retorna al brahman no era parte de un inventario era un arrebato un tornado de plasma incendiario consituido por mónadas no por átomos mis fibras estaban entrelazadas en las urdimbres del cosmos y a través de ellas me extendía hasta sus confines no este individuo separado sobreanestesiado hoy aquí infectado por la densidad me he hecho vulnerable a la tiranía de este planeta que me compele hacia su núcleo y no me deja despegar yo era un conquistador circunnavegando los mares de los sentimientos ahora de uno de ellos soy solo un esclavo

Elea

El tiempo nuez nada más una ilusión persistente. La multiplicidad se me antoja inconsistente. Siempre estuvimos unidos, la luz emerge del vacío, espontánea, de las cenizas de un infinito surgen más. Siempre estuvimos en el uno primordial. No hay distancia por recorrer, no hay distancia entre nosotros. La ansiedad se difumina mientras voy comprendiendo nunca nada  estuvo separado.

Elementos

Soy un conjunto transitorio de partes o efectos particulares de las divinidades. No es que haya fuerzas divinas y trascendentes que yo no puedo controlar y que, en tanto que actúo dominado por ellas, no soy culpable ni consciente de lo que ellas hacen conmigo, es que si hay algo que pueda llamar "yo" es esta organización con propiedades emergentes de fuerzas de la naturaleza. No me separes radicalmente del mundo, ni de tí, que todos estamos hechos de los mismos elementos, lo único diferente es la armonía particular que emerge en cada según la proporción en la que se hallan los elementos. La inocencia y la culpabilidad son categorías carentes de significado real.