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Escher

Dos vidas distantes resultaron ser vecinas en un espacio replegado por la fuerza de la afinidad. Sus jardines anhelando fundirse en un solo vergel  dieron a enredarse en geometrías de vanguardia: como las manos dibujándose, la galería del arte del puerto que está en el cuadro exhibido en ella o el ojo que contiene a la galaxia que contiene al ojo, la casa de uno habita la casa del otro y en la del otro habita la del uno, solo que en vez de encogerse  infinitésimos cada vez que se adentran,  crecen. 

Fluir

Si ya fue  la última vez que te vi y tal vez nos debimos despedir mejor (con los ojos cerrados, las manos aferradas  y nuestras frentes apenas apoyándose una a la otra),  quiero que sepas que aquella vez en la que —inocentes del porvenir— tú aprendías a darle vida a las flores mientras yo arpegiaba raros acordes, fui feliz,  fue profundamente feliz, y sentí  que por fin no estaba solo. (y en verdad te agradezco  porque  así  fueron tantos momentos en los que se casi que se detenía el tiempo  y vivir valía la dicha).

Escandente

Levántate desde tu raíz agárrate de cualquier rejilla disponible pero suéltala después vamos a quemarnos en el sol