Fantasma
Humedad, electricidad, movimiento, presión, ritmo, textura, forma, magnetismo, temperatura: tan diversos y sutiles son las fluctuaciones que detecta el tacto, tan pobres nuestras palabras para distinguirlos. Estamos en deuda de encomios al misterio gozo del contacto: la piel que acaricia es acariciada, el cuerpo que toca se siente tocado en reciprocidad inmediata, sin demandarlo. El cuerpo se reconoce como cuerpo en el encuentro. El ojo que mira, en cambio, no se ve mirando, ni siquiera cuando contempla su reflejo. La imagen de la efigie de un globo ocular no es la visión vista. Y, sin embargo, el milagro de la atención: ante una consciencia que ama —aunque insondable— se descubre lo profundo del otro. Ante la magia que revela lo impercibible tus ojos se transforman en mirada y mi espíritu deja de ser un fantasma.