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Sobre el deseo

no puedo hacer caso a un dios astro  que ilumina la consciencia con sus arrebatos se enciende se apaga amanece y mengúa indeciso fluctúa  entre el alba y el ocaso entre el carmín el blanco el amarillo y el naranjo algunas veces eclipsa y otras veces en cambio es eclipsado inconstante impredecible entre las nubes se abre paso o se oculta entre ellas acobardado se insinúa eterno pero solo dura un instante víctimas de un pulso errante confundimos la realidad de la estrella con la manera en la que se manifiesta

Dragón

con fascinación atávica desde siempre te he estado buscando venerada ave-serpiente en el vórtice vacuo de mi consciencia tan adentro  que otra vez es afuera uroboro emplumado  en el horizonte donde se funden el firmamento  y el fundamento vuela Garuda hermanado con naga Kaliya de los errores la boa y los aciertos el águila te conjura Dïïjoma la voz lejana que canta las profecías de tu regreso  tiende las fibras que me mantienen atado a lo sagrado  absoluto encarnado reptil pájaro eléctrico te he estado buscando con la esperanza de mi propio encuentro 

Ivan Aivazovski

Horizonte difuso: naufragamos. No vemos dónde  termina el cielo y empieza el mar arrebatado. Todo se confunde en la tormenta:  el sujeto, el todo;  el horror, el gozo; el caos, el cosmos. Todo se confunde en la tormenta:  no sabe si imagina  o si recuerda, no sabe si imagina o si recuerda. Todo se confunde en la tormenta.

el arrebol sin quien lo nombre y lo que es en sí el horizonte

el árbol que cae en medio del bosque sin que nadie lo escuche el color sin ojo el calor sin piel  la esperanza cuando solo quede la noche el arrebol sin quien lo nombre el vos de Dios la voz de Dios y yo también y también yo