allí donde se transmuta lo trivial en talismán el mineral deviene piel los ojos en mirada el capricho destino envuelve iridicente moléculas de agua el cristal descansa el ópalo en mi frente
de las llamas de dos velas que se extinguen quedan apenas un par de coordenadas incandescentes de las que ascienden vapores grises en un baile delicado que les permite por fin saciar el deseo prolongado de fundirse