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un agujero negro

un agujero negro ni es negro ni es agujero ni es un un agujero negro tiene el privilegio de experimentar en su centro una singularidad que compila lo que fue lo que es y lo que no es aún la extensión del espacio infinito capturado en un punto ínfimo un agujero negro  girando en círculos arrastra en su ergósfera la delicada cordura del cosmos juegos de Sade con candados para contener al Ser  bajo la custodia de la Diosa que le habló a Parménides todos los destinos se antojan ridículos y atajos devienen todos los caminos  un agujero negro tiene el apetito de Erisictón —del capitalismo— de la angustia de Cronos devorándose a sus hijos espejo de universo que no refleja una versión  un agujero negro cree ingenuamente que logrará conquistar en un Imperio Eterno todos los reinos de la realidad desconociendo que dentro del límite de Chandrasekhar fluctuando en el vacío conspiran rumores certeros de su autodestrucción

S=1/4*((c^3)k/Għ)*A

La abismal oscuridad no es del todo invisible, el oscuro abismo realmente no está vacío: podemos ver con tus ojos lo otrora inasible del mito de Cronos justo antes de haber nacido. Aceptaremos con gusto tu última apuesta de que se amarán por fin lo eterno y el instante; ganarás lo singular si se halla la respuesta, nos prestaras si pierdes tu hombro de gigante para ver el horizonte desde una nueva altura cuyas líneas no convergen solo en un círculo, sino en la desnudez sin extensión ni censura de la mente del Dios aquel que hizo los cálculos. Se dirá quizá que el todo ya logró integrarte, algunos pensarán que te arrebató el desorden; quizá te fuiste a jugar, aunque te fuiste tarde, a dar saltos cuánticos por espacios deformes. A la memoria de   Stephen Hawking (el gran filósofo que creía que la filosofía era obsoleta)