Soñé que un hombre llegaba al cielo, a ese claro y confortable cuarto donde duerme Dios, a la pequeña alcoba divina. Sentía su felicidad como mía. La dueña y sustento del cielo le daba la bienvenida. Detrás de él, cabalgando un armario, llegó una fastidiosa comunidad de pequeños hombres gobernados también por una mujer. Los hombrecillos pretendían llevarse consigo de vuelta al recién llegado y le hacían sentir fuertemente que el no merecía este lugar. Yo sentía su angustía como mía. Yo sentía que el sabía que ellos tenían razón en una medida proporcional a su tamaño. Entonces él pidió auxilio a la reina celeste, quien lo miró extrañada, pues no veía a las pequeñas personas que lo estaban acosando. Fue allí cuando, de pronto, la osada líder de los minúsculos se avalanzó a atraparlo, mientras el trataba de alejarlos con su florete. Logró el jovén en una muy hábil maniobra atrapar a la pequeña mujer, y temeroso logró ponérsela en las manos a la divina esposa del dueño del cielo, y ella c...