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Ivan Aivazovski

Horizonte difuso: naufragamos. No vemos dónde  termina el cielo y empieza el mar arrebatado. Todo se confunde en la tormenta:  el sujeto, el todo;  el horror, el gozo; el caos, el cosmos. Todo se confunde en la tormenta:  no sabe si imagina  o si recuerda, no sabe si imagina o si recuerda. Todo se confunde en la tormenta.

Escher

Dos vidas distantes resultaron ser vecinas en un espacio replegado por la fuerza de la afinidad. Sus jardines anhelando fundirse en un solo vergel  dieron a enredarse en geometrías de vanguardia: como las manos dibujándose, la galería del arte del puerto que está en el cuadro exhibido en ella o el ojo que contiene a la galaxia que contiene al ojo, la casa de uno habita la casa del otro y en la del otro habita la del uno, solo que en vez de encogerse  infinitésimos cada vez que se adentran,  crecen. 

Manifiesto contra el espíritu místico

no me sirve de consuelo saber que todo es uno que somos inmortales en el seno de lo absoluto me da igual que en la esencia del ser último vayamos a estar siempre juntos no pagaré un boleto para un teatro absurdo que predica y predica hasta lo nauseabundo que hay que negarle el placer al público para acceder a lo profundo no me importa si te soñaste el mundo ¡entonces despierta y bórrame nomás! ¡o no repitas otra vez jamás que el deseo nos mantiene ilusos! no toleraré más ni por un segundo otro insulto tuyo ¡no vuelvas a insinuar que mi espíritu está corrupto por apreciar menos la totalidad permanente que la singularidad de lo que perece! ¡basta del dogma de que por ser individuo es que sufro! ¡abstente de señalar que no hay en verdad belleza en lo que aparece! pues no hay más belleza o más verdad que las que intuyo en sus obras o palabras en los recodos de la efímera presencia de quienes amo y en cambio solo puede monstruosa tu cara impávida amalgamada de los cadáveres de las criaturas...

Fluir

Si ya fue  la última vez que te vi y tal vez nos debimos despedir mejor (con los ojos cerrados, las manos aferradas  y nuestras frentes apenas apoyándose una a la otra),  quiero que sepas que aquella vez en la que —inocentes del porvenir— tú aprendías a darle vida a las flores mientras yo arpegiaba raros acordes, fui feliz,  fue profundamente feliz, y sentí  que por fin no estaba solo. (y en verdad te agradezco  porque  así  fueron tantos momentos en los que se casi que se detenía el tiempo  y vivir valía la dicha).

erosión

un haz de frecuencias interrumpe lo homogéneo del silencio para embellecerlo difusa presencia de la palabra que fractura el paisaje forjando pasajes en medio del valle llevando caudales hacia un río fresco sin ningún esfuerzo

Ternura

Imagen
Guayasamín, Madre y niño.  Sé que eres valiente y doy fe de lo fuerte que eres: caerás muchas veces y te levantarás sin ayuda  casi siempre. Sé que no me necesitas y que no puedo protegerte de todas las vicisitudes  del mundo inclemente. Poco puedo prometerte,  poco puedo hacer frente a la crueldad consciente, frente al horror indiferente. No escaparás de lo que duele: de la pérdida,  el abandono,  el desprecio, el olvido, la enfermedad o la muerte.  Pero déjame quererte, admirarte, complacerte y arroparte. Eres irrepetible, déjame retratarte para recordarte antes de que la vida se me arrebate. Déjame ayudarte e iluminar tus pasos por el sendero por el que partirás más temprano que tarde. Déjame entretenerte, déjame darte la atención y el cuidado que mereces aunque yo no sea suficiente. Cada consciencia es un milagro en el que confluye todo accidente y la ternura es el milagro...

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Un lienzo virgen con un negativo en azul eléctrico como modelo; pero, al frente, en vez de un pintor, un pedazo de miedo.