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Fantasma

Humedad, electricidad,  movimiento,  presión,  ritmo,  textura,  forma,  magnetismo,  temperatura: tan diversos y sutiles son las fluctuaciones que detecta el tacto,  tan pobres nuestras palabras para distinguirlos. Estamos en deuda de encomios al misterio gozo del contacto: la piel que acaricia es acariciada, el cuerpo que toca se siente tocado en reciprocidad inmediata, sin demandarlo.  El cuerpo se reconoce como cuerpo en el encuentro.  El ojo que mira, en cambio,  no se ve mirando,  ni siquiera cuando contempla su reflejo.  La imagen de la efigie de un globo ocular no es la visión vista.   Y, sin embargo, el milagro de la atención: ante una consciencia que ama  —aunque insondable— se descubre lo profundo del otro.  Ante la magia que revela lo impercibible  tus ojos se transforman en mirada y mi espíritu deja de ser un fantasma. 

Erotica Thesaurus

¿Es el amor luz del alma que se entromete en lo amado haciendo visible lo que de otra forma no existiría? ¿Acaso es un arreglo de efluvios  irradiado por el ser amable que convierte al sujeto que lo percibe en un amante? ¿O tal vez más bien un sustrato común universal del que emana la realidad  del uno y del otro?   

fractura

                                          con el ardor que rapta la atención hacia la herida                                                        siente el alma que se desdibuja                                                                              la historia que se rasga                                                                                ...

Focus

estoy en el centro de la tarima en el teatro no cabe un alma todos me dirigen sus miradas no ven nada la luz del reflector apagada invisible huyo a tu casita buscando algo de calma enredo sentires en miriadas no soy nada la hoguera del calor apagada

Antares

Siento que estoy siendo atraído hacia el centro del universo, quien pese a ser etéreo y —como yo— prácticamente inexistente resulta atractivo, tan atractivo como la muerte en las noches en las que ninguna canción endulza mis pensamientos. Me hice pequeño y tonto. Alrededor mío sólo hay un mar de piernas y encima mío una constelación abierta, rodeada de nubes, que con su veneno insinúa que soy un escorpión y no un centauro. Y siento que voy a caer en esta noche oscura a través de ese abismo ofrecido, abducido por el cielo que me queda entre siluetas de sombras gigantes. Siento que en cualquier momento me voy a despegar de la Tierra, de esta preciosa esfera a la que no pertenezco, para por fin reintegrarme con ese vacío, con ese lugar que tanto extraño aunque desconozco. Y un día quizá mis átomos harán parte de un cometa.

Experimento mental espejos

Dime: si fueras invisible y tu ser estuviera encerrado en el interior de un cubo perfecto, cuyas cuatro caras internas son espejos, ¿qué verías? Bueno, me dirás que nada, porque estaría totalmente oscuro (si es un cubo perfecto y sus caras internas son espejos, entonces su exterior sería negro y no pasaría la luz). Pues bien, supón entonces que por alguna razón -no importa cuán absurda- el interior de este cubo está iluminado: ¿qué verías? -Seguramente nada... pues la percepción de un rayo de luz reflejado infinitamente en una figura perfecta sería completamente homogénea, tan homogénea como lo es la percepción del oscuro negro que constituye la oscuridad (dicho mejor eso no es realmente una percepción). ¿A dónde nos conducirán tantas especulaciones? ¿Qué es lo que se ve entre tantos espejos? ¿Qué es lo que es aquello que eres tú?
Inexpresividad y transparencia se conjugan en los efluvios de tu vacía y superficial esencia. Quisiste llorar, pero no pudiste: sólo puedes llorar durante los sueños grises. Quisiste querer, y lo dijiste: quisiste entregar tu alma a la dulce muerte.
No me veo claramente en el espejo, tu niebla se interpone entre nosotros, al ver tus ojos no me reflejo en ellos; cuando acaricio tu cabello, no sientes ningún movimiento; aquellos tesoros cedidos, no alteran tu peso; el aire no se te ha hecho más cálido; mi presencia, no la has notado. ¿De tanto jugar a esconderme, me volví incorpóreo?, ¿tan incorpóreo, hasta que quedé en silencio?, ¿tan silencioso, que ahora estoy vacío?, ¿y este vacío, devino transparencia?, ¿tan transparente?, ¿tan invisible?...
Qué tonto me siento...
No sé cómo es que haces, Abril, para con tan diestra indiferencia maltratar mis rodillas por el piso. No sé cómo es que puedes sacarme de mi hogar, dejándome encerrado en el mundo. No sé cómo es que logras asirme sin tocarme, y hacer que olvide las reglas aritméticas. No sé cómo ejecutas ese ruido, estando en silencio. No sé cómo triunfas sobre mi mente y me haces recordar lo que no fue acontecimiento. No sé dónde escondes mis tesoros. No sé cómo canjeas mis referencias. No sé cómo consigues interferir en mis inferencias, y en mis movimientos, si no existes. No lo sé… No sé cómo me sumes en la penumbra con tu resplandor, pero no lograrás hacerme totalmente invisible.