Una carencia me deja inmóvil... ¿cómo puede ser que un organismo sienta dolor porque necesita palabras? ¡Por palabras! No son realmente alimento, no son agua, no es contacto para la preservación, no las requiere la fisiología de la supervivencia, ¡son simples palabras! Fluctuaciones del viento, de la tinta, de la superficie, patrones de activación de los pixeles, balbuceos extraños, garabatos arbitrarios... ¿Cómo puede ser que sienta angustia, nostalgia, incompletitud, fragilidad, histeria, limitación y muerte porque me falta escuchar ciertas palabras? ¿Cómo puede ser, además, que sólo tengan valor y energía, si vienen de una fuente específica? ¿Cómo es posible también que las palabras registradas no sean suficientes, que se necesite que sean renovadas, que necesite que se originen ahora? Y más aún, ¿cómo es que pasa que quiera saciarme de ellas para callarlas, que quiera que lo que ellas digan es que son innecesarias, que quiera que me conduzcan al disfrute de la voz misma, y que ...