domingo, 4 de octubre de 2009

ὑστέρα

La emoción más fuerte que puede experimentar un ser consciente
es la exaltación del deseo que se produce en la medida en que el inalcanzable objetivo de la voluntad se aproxima hasta el punto de parecer accesible. La mayor crueldad -la mayor tragedia- sucede cuando aquel ser al que se proyecta el deseo se ofrece como un bien disponible, como algo que se puede abrazar, como algo que el sujeto puede impregnar profundamente y algo de lo cual puede ser felizmente impregnado. Como algo que borra los límites. Como un océano en el cual es posible diluirse en paz. Nada sería tan reconfortante como ello para un espíritu que padece ansiedad, mas sucede que la satisfacción del mayor deseo es por su naturaleza imposible, pues representa el anhelo del individuo de volver a un estado no individualizado. Ni la más dolorosa agonía previa puede compararse a la conciencia de limitación que conlleva al reconocimiento de la insostenibilidad de la esperanza.
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