jueves, 24 de septiembre de 2009

{silence}

Una carencia me deja inmóvil...
¿cómo puede ser que un organismo sienta dolor
porque necesita palabras?
¡Por palabras!
No son realmente alimento, no son agua,
no es contacto para la preservación,
no las requiere la fisiología de la supervivencia,
¡son simples palabras!
Fluctuaciones del viento, de la tinta,
de la superficie, patrones de activación de los pixeles,
balbuceos extraños, garabatos arbitrarios...

¿Cómo puede ser que sienta angustia,
nostalgia, incompletitud, fragilidad,
histeria, limitación y muerte
porque me falta escuchar ciertas palabras?
¿Cómo puede ser, además,
que sólo tengan valor y energía,
si vienen de una fuente específica?
¿Cómo es posible también
que las palabras registradas
no sean suficientes,
que se necesite que sean renovadas,
que necesite que se originen ahora?
Y más aún,
¿cómo es que pasa que quiera
saciarme de ellas para callarlas,
que quiera que lo que ellas digan es que son innecesarias,
que quiera que me conduzcan al disfrute de la voz misma,
y que inmediatamente este disfrute me lleve
a la interrumpir el comportamiento de su boca?
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