jueves, 24 de septiembre de 2009

Roswell

Casi me matan con su torpe aterrizaje y cuando descendieron no dijeron nada. Aparentaron un encuentro casual e intrascendente. Fingieron indiferencia sólo para ser percibidos como seres humanos normales. Dieron en el punto. Lo único que comparten todos mis congéneres es la habilidad para fingir normalidad. Así pues, yo era el alien, el asombro me alienaba. Miles de años tardé perfeccionando mi pericia criptográfica, cuánto sacrificio descifrando sus mensajes y esperándolos, todo para un simple saludo y un "¿cómo estás?". Dijeron algo más, dijeron "ustedes los hombres se han portado muy mal, tienen que volverse responsables o sufrir las consecuencias". Maldita sea, díganme algo que no sepa. No se necesita un gran grado de tecnología y sabiduría para percatarse de ello.
Necesitamos soluciones.
Publicar un comentario