viernes, 30 de enero de 2009

57

Observé una penitencia con disciplina
que consistía en contemplar en dos almendras toda una vida
por 57 instantes tan arbitrarios como la penitencia misma
la cual sólo buscaba distraerme
mientras escaneaban los patrones de mi mirada.
He de confesar que cerca del trigésimo quinto instante
la eternidad secuestró al tiempo
y lo vi todo,
pero ya no lo recuerdo.
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