jueves, 18 de octubre de 2007

acerca de la guerra y de la fuerza

El mal hace que el bien sea sólo un punto de vista.
El mal nunca se reconoce como mal, el mal para el mal es bien.
Todos, juntos, formamos el ejercito del mal,
engañándonos acerca de lo que es el bien
o de los caminos que a él pueden llevarnos.
Creyendo que nuestro bien relativo ha sido bien escogido,
creyendo que el demonio es alguien externo,
que la sociedad, el mundo, el destino y sus fuerzas nos corrompen.
Creyendo que somos las víctimas.

El mal nos ilusiona con la promesa de una vida eterna,
y disfraza nuestros apegos y miedos
de la esperanza de poder brindarles a los otros lo que realmente necesitan.
Mas el bien no depende de nadie, nadie puede ser bueno;
en cambio, del mal, todos somos responsables,
y aún así nos creemos buenos.

En fin, el mal ha hecho que la dicotomía en la que está circunscrito
nos parezca arbitraria
y partiendo de la aseveración de la existencia de una escala de grises
hemos concluido erróneamente que no existe la diferencia.
Mas de dos elementos se hace una mezcla.

El mal ha debilitado nuestra bondad haciéndonos pensar
que el bien es sólo amor y que el amor es sólo compasión.
Por ello somos espíritus enclenques,
por ello sólo encontramos nuestra humanidad dando limosnas,
por ello todos hablamos bonito, y nada más.
Mas así como en el mal hay amor, amor al bien,
así en el bien debe haber odio, odio al mal.

2 comentarios:

Laura Gómez dijo...

Henao, ¿por qué dices que nadie puede ser bueno y que todos somos responsables del mal?

Yo creo mucho en la idea de que siempre que emprendemos una guerra creemos ser los buenos del paseo. Hay dos bandos creyendo tener la verdad, creyendo estar del lado del bien, creyendo que los otros son malos.Al fin y al cabo, como tú dices, el mal para el mal es el bien. Si nos empeñaramos en tratar de entender en lugar de tratar de defender, creo que todo sería mejor.

zero dijo...

No se puede ser bueno por coincidencia. Para ser bueno se necesita saber lo que se hace.

Para ser bueno se necesita constancia, concentración y fortaleza. Los humanos somos disolutos, desenfocados y débiles.

Para ser buenos no basta buenas intenciones y generosidad, se necesita conocimiento profundo de las razones y las situaciones. Pero somos ignorantes.

Para ser buenos se necesita interés sincero en los otros, pero eso acaso sólo podemos hacerlo con algunos.

En cambio, de los grandes males somos en gran parte responsables. Piensa por ejemplo en la contaminación, la pobreza, la corrupción y la violencia. Si se toma solamente el primer caso de una manera objetiva, no sólo todos contribuimos a los problemas ecológicos, sino que pocos se esfuerzan por disminuir su impacto.

Entrando en un terreno más fatalista, sólo podemos disminuir hasta cierto punto nuestra responsabilidad en el mal, porque es inevitable. Nos alimentamos -en un sentido amplio- de la muerte y la esclavitud de otros seres.

Y si de dar excusas se trata, somos sumamente contradictorios y/o circulares, como cuando nos lavamos las manos diciendo que es culpa de la sociedad.