martes, 31 de julio de 2007

Al aura

Cuando se esfumaron tus palabras dedicadas a la libertad
aquellas tan lúcidas que habían suscitado en mi alma movimientos,
volví a pensar que deberíamos ocuparnos de la adicción
tanto o más de lo que nos ocupamos de ella.
"Libertad" es un término optimista, cargado de utopía,
un conjuro que evoca a los genios malignos de la esperanza;
y ese sesgo contamina la investigación.
"Libertad" es un término que puede desaparecer fácilmente
cuando nos desestabilizamos por culpa de un vicio,
un vicio del cual somos responsables.

Con el pretexto de "procurarse la felicidad"
lo que casi todos buscan realmente -instintivamente-
es evitarse el sufrimiento.
Y la causa eficiente de éste es el apego.
Es cuando nuestra ambición se enferma que deseamos dejar de ser esclavos:
deseamos que nuestros más compulsivos deseos de primer orden
no se impongan; pero se imponen.

Somos racionales, conocemos las consecuencias,
sentimos asco ante la impotencia, tenemos memoria,
sabemos qué es sufrir y sabemos del sufrimiento de otros
porque los hemos visto llorar y hasta los hemos visto morir;
pero, aun así, reincidimos en los círculos viciosos
de esos malditos deseos que no deseamos;
incluso sabiendo que todo lo que está mal en nosotros es un vicio,
y que casi cualquier mal conocido ha sido por uno de ellos.

Es más fácil ensoñarse con la libertad que superar una adicción.
Es más viva la conciencia de la adicción que la voluntad de ser libre
-aunque algún pseudogramático diga lo contrario-
porque la primera es la vivencia de una lucha contra una necesidad
que se vuelve visceral
y la segunda es acaso un refugio ultraconceptual.

¿Por qué adicción se esfumaron tus palabras dedicadas a la libertad?