domingo, 20 de noviembre de 2005

Preciosa piedra

Añoro llegar a tu hogar
-en especial a aquel lugar donde reposas-
y aferrarme a tus piernas.
Verte encogida en el suelo
evocando el vientre materno,
en aquella esquina donde confluyen
los mejores claroscuros.
Contemplarte paulatinamente
a través de tres planos rectangulares.
Admirar el velo negro que te cubre totalmente
excepto por tu mirada fija y tus parpados oscurecidos.
Me perdí al venir a buscarte
y quiero imaginar que estoy cerca de ti
pero la verdad es que no sé dónde estoy
ni reconozco el camino que me ha traído.
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