viernes, 13 de agosto de 2004

Absurda secuencia signos como reacción al egoísmo que haces mío

Te entiendo porque el egoísmo es quizá la mejor estrategia de supervivencia en este modelo reducido de juego en el que tú y yo somos tan sólo variables, pero bien sabes que eso a mí de nada me sirve, pues mi vida no es mía, así que no me lo sigas enseñando. Estoy aquí para ofrecer todo lo que pueda llegar a ser, y he de trabajar refugiándome en lo inmutable para llegar siquiera a producir un minúsculo rayo. Me he ido enfermando de voluntad de vivir, cuando lo que realmente quiero es llegar a ser tan digno como para morir por ti. Así que busco un trasfondo blanco y un hogar para el olvido, para dejar reposar allí a los que se quieren ir junto a los que ya se han ido.

Vienen y van, y desaparecen, y la verdad es que yo no quiero luchar más por detenerles: descubrí que no tiene sentido. Total, yo soy el más volátil de todos los elementos de impenetrable transparencia.

Todo lo que me has dado fue un regalo inmerecido, el derecho a exigir más realmente nunca lo he tenido. Deja que me evapore en la inconstancia de los bucles de mis sueños, deja que me transporten a la lejanía absoluta del lugar que queda justo encima de ninguna parte. Quédate con todas las coordenadas que puedan brindarme la ilusión de tener un lugar donde volver. Distorsiona el mapa con el que exploraba tu mirada y olvida mis claves. Aniquila estos apegos. Quiero de nuevo estar lejos y conmigo, desatrofiar la plegabilidad horizontal de mi pupila y retomar la habilidad de caer parado.

Mis partes en ti no tendrán dueño si te despojas de la creencia en que soy oscuro. Sin deber, sin culpa, devuélveme el anonimato, la tranquilidad de ser absurdo y el sabor de las horas impredicables, con las instrucciones para aprender los artes que tú tan bien sabes, el arte de llegar por sorpresa y de partir sin previo aviso, y el arte de saber anticiparse. Te dejo intacta la promesa de derramar por ti toda mi sangre, ojalá lo ejecutes en un sacrificio de otoño que del todo la soledad espante. Te doy también otra copia de las llaves de la casa tuya que nunca visitaste. Y por si requieres algo más, tu colección de puntos suspensivos y una infinita hoja donde la vacuidad y la limpieza son ellas una sola propiedad. Por favor, no esperes más, que ahora ni siquiera sé cómo terminar.
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