viernes, 16 de abril de 2004

Oh Diosa odiosa,
te has equivocado:
si he logrado alimentarme del vacío,
¿qué no podría hacer con una pequeña esfera azul y compacta?

El hado helado se ha tornado más cálido
desde que sé que no me olvidaste,
desde que sé que soy tu juguete preferido.
Y para justificar mis extraños delirios
y el abrupto tornado que me enviaste,
nada más relevante
que saber que te divierto.

Que tus dichas sean dichas,
que nada nada hacia la nada,
lo que hay en el medio de mi miedo...
nada más revelante que la risa
de la Diosa que viste de lirios.

Sigue mandando tus ángeles,
sigue tratando de destruirme,
sigue, si el error no viste.
Sólo conseguirás recordarme
lo fuerte que me he vuelto;
sigue tentándome,
sigue dándome las armas para desafiar tu omnipotencia.
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